El doble discurso empresario

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Una parte importante de mi trabajo como periodista especializado en temas económicos es hablar todos los días con empresarios de la región. De todos los tamaños y sectores. Algunos vinculados a la dirigencia empresaria y otros casi sin trato con ésta o con los funcionarios de turno.

Y, salvando las particularidades específicas propias de cada sector (por ejemplo las inundaciones en el campo) y cada tamaño, el denominador común que veo entre los ejecutivos es una suerte de “doble discurso”. Pero no porque se trate de que no haya armonía entre lo que dicen públicamente y lo que cuentan en reserva. Hablo de un “doble discurso” en el sentido de que (sacando a quienes prestan servicios financieros, que están “pum para arriba”) cuando me cuentan la coyuntura por la que atraviesan sus empresas se muestran muy preocupados, pero cuando proyectan al mediano plazo ponen sobre la mesa perspectivas muy auspiciosas de crecimiento y expansión.

¿Qué les preocupa de la actualidad? Los siguientes factores:

  • Mercado interno con menos ventas.
  • Persistente inflación de costos.
  • Financiamiento más caro.
  • Mayor competencia de importaciones.
  • Un dólar no competitivo para exportar y sin Brasil traccionando.
  • Salvo el campo y las retenciones, el grueso de los sectores no tuvieron rebajas impositivas (por ejemplo ajuste por inflación, impuesto al cheque, ganancia mínima presunta).

Según relatan, el punto de encuentro (y puente) entre ambos escenarios (actualidad delicada, mediano plazo auspicioso) sería el segundo semestre, los más pesimistas hablan de un 2017, dónde el trago más amargo del llamado por el gobierno “sinceramiento” habría pasado dejando una economías más ordenada y abierta que reactivaría la economía activando inversiones extranjeras y nacionales.

Pero cuando rasco un poco y pido que me expliquen qué tiene ese segundo semestre que haría cambiar las cosas, no me encuentro con argumentos convincentes.

  1. Si es porque la alta tasa de interés contendrá la inflación, un cálculo de Fiel (a la que no se la puede tildar de opositora) situó el índice para este año en 37% mucho más que cualquier paritaria por lo que el consumo interno no aparece como un tractor, más con el financiamiento amarrete y caro que hoy ofrecen tarjetas y bancos.
  2. Si es porque los tarifazos ya pasaron y el consumidor tendrá luego más dinero en el bolsillo, eso es incorrecto. El del gas (insumo clave para la industria) recién se notará a partir de las próximas boletas, y en la electricidad las proyecciones que se hacen en el mercado mayorista para los precios del próximo trimestre muestran precios en alza. Además, ya se anunciaron para el segundo semestre nuevas alzas, como el de la medicina prepaga. Y sobre las naftas ¿alguien jugaría su sueldo a que se cumpla la promesa del Presidente Mauricio Macri que no volverán a subir este año?
  3. Si es porque el peso ya se devaluó, los mercados a futuro muestran que para fin de año y principio del próximo seguirá en baja limando poder adquisitivo al empleado.
  4. Por el lado de la industria, la competencia de las importaciones se hará más fuerte con el correr de los días ya que se habrán vencido los plazos de las licencias no automáticas y tampoco emerge una causa concreta y tangible que explique por qué Brasil se reactivará este año.
  5. La soja, en tanto, subió 20% por las inundaciones pero a costa de que se pierdan millones de toneladas, y si bien hoy sus precios son aceptables tampoco son estratosféricos como para impulsar por sí sola la economía. La ganadería, que sí está en alza, tiene a la lechería como lastre.
  6. Si la apuesta es a que “vengan inversiones del exterior”, en primer lugar tendrían que ser “sublinguales” para que den resultado de una manera rápida en términos de empleo y actividad por que cualquier conocedor del tema sabe que las inversiones necesitan mucho tiempo para madurar. En los primeros 5 meses de gestión, en Santa Fe no hubo un sólo anuncio de alguien que vaya a abrir una planta industrial nueva o 0km (en el mejor de los casos algunos sectores, por ejemplo el frigorífico, reactivaron líneas paradas).

Además, decir que las inversión llegan por la salida del default es algo naif. Es que las inversiones reales aparecen cuando hay negocios, por más que esté quien esté en el gobierno. Por caso, Cargill y Bunge, los dos emblemas de las multinacionales estadounidenses cerealeras, propulsoras del libre comercio global, invirtieron millones de dólares en la Argentina del default, Cristina, La Cámpora y los cepos por que vieron que había un negocio; en su caso la soja.

Las únicas inversiones que sí se activan rápido post-default (y generan muy buenas comisiones de los intermediarios) son las financieras como la compra de títulos públicos o empresas con cotizaciones bajas y expectativas grandes, que, en definitiva, no tienen impacto de magnitud en el crecimiento del PBI, las exportaciones o el empleo.

De todas las argumentaciones que escuché sobre las “bondades del segundo semestre”, la única con bases sólidas es la de la obra pública. Es que el gobierno anunció un ambicioso mega plan de obras de infraestructura (en Santa Fe incluye los accesos a los puertos, autopistas, puentes, etc.) que puede financiar con fondos externos habilitados tras la salida del default. Y si bien convertir esos proyectos en licitaciones lleva su tiempo, está claro que (tal vez más sobre arranque del año próximo) por ese lado sí puede verse una reactivación en el horizonte. Y no es un dato menor porque la construcción tracciona muchas industrias proveedoras y es mano de obra intensiva.

Por mi parte, concluyo que lo que realmente une en la mente del empresario la áspera coyuntura con el mediano plazo prometedor es ni más ni menos que su ideología. No son los hechos. Es la concepción de que el rumbo liberal (desregulación de mercados, apertura comercial, financiamiento externo, reducción del gasto público) que busca tomar la Argentina de Macri es el camino correcto para lograr un desarrollo sustentable como país. Y esa “expectativa ideológica” no es poca cosa. Todo lo contrario. Es para valorarla porque en el capitalismo (dónde los agentes privados económicos son los que marcan el ritmo de la actividad) las expectativas positivas sobre el futuro son un motor muy importante. Pero salta a la vista que no pueden cargarse solas la reactivación de la economía.

Dicho de otra forma; es el “relato” lo que entusiasma al empresario. En este caso no es “el relato” del presente o del pasado, como hacía el gobierno K, sino el “relato” del futuro, de lo que va a venir. Pero atención que la administración saliente dejó una enseñanza que bien podría servir para encender algunas luces en el discurso empresario; y es que enamorarse del relato cuando los hechos marcan otra historia no es buen consejero; termina encerrando a los fieles en un microclima que los desconecta de la realidad hasta que es demasiado tarde y ya son oposición otra vez.

 

Autor: Mariano Galindez // [email protected]
Fuente: mergersnews.com.ar
Informa: contadoresrosario.com

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